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Innovadores en la medicina

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Con la autoridad que le brinda haber ganado la convocatoria de Colciencias para financiar todo el proceso de protección mediante patentes para siete desarrollos médicos, Medical Phantom S.A.S. rompe paradigmas sobre la capacidad de los pymes para innovar.

Su material es único y les permite a los estudiantes de medicina practicar los procedimientos que requieren ecografías como si estuvieran realmente dentro del cuerpo humano. Son los simuladores creados por el médico anestesiólogo Johan Lanzziano, CEO  y representante legal de Medical Phantom S.A.S..

La historia de estos productos se remonta a un entrenamiento en un quirófano cuando Lanzziano le preguntó a una doctora por qué no usaban simuladores para entrenar a los estudiantes y esta le contestó que eran demasiado costosos para importarlos, más con los impuestos, y además el servicio posventa era muy malo: si se dañaba un simulador, las opciones de repararlo eran muy pocas.

La inquietud le quedó rondando en la cabeza a Lanzziano y comenzó a investigar. Durante tres años intentó crear simuladores con diferentes materiales hasta que encontró el material ideal, que él ha llamado BiosintSkin, el cual es único y permite crear simuladores hiperrealistas.

“Es como hacer una gelatina con un molde. Nosotros creamos el material, que es la gelatina, y los moldes son las diferentes partes del cuerpo”, explica Lanzziano.

Según él, la calidad de sus simuladores es única, dan una imagen muy nítida con cualquier ecógrafo, una gran ventaja frente a los simuladores de la competencia. Otra de las propiedades únicas es lo que él ha llamado plasticidad regenerativa, esto significa que cuando se retira la aguja del producto comienza el proceso de cicatrización, alargando la vida útil del simulador.

Las ventas

La comercialización de los simuladores empezó en agosto de 2017 y en noviembre del mismo año la empresa participó en el Congreso Nacional de Ecografía con la Fundación Santa Fe de Bogotá, al cual asistieron expertos de todo el mundo.

La presentación fue un éxito porque lograron contratos para despachar los equipos a diversos países. Ya han exportado a México, Perú, Chile, Panamá y Estados Unidos. En Colombia han vendido en Nariño, a la Universidad Industrial de Santander, a empresas privadas que dictan talleres, y también en Cartagena y en Barranquilla. Además son proveedores formales de la Universidad del Rosario en Bogotá.

Lanzziano tiene dos socias más, su esposa, Stefany Barraza, y su cuñada, y en febrero de este año los tres iniciaron el proceso de protección a la propiedad intelectual de los productos. Participaron en la convocatoria de Colciencias para buscar la cofinanciación de siete patentes, cada una puede costar alrededor de $15 millones (la empresa tiene 12 productos susceptibles de patente), y resultaron ganadores.

Según Lanzziano, siete de sus productos no se han fabricado en el mundo. Ya postuló también a Colciencias las cinco invenciones restantes y espera tener resultados positivos en junio. Hasta el momento todo lo ha financiado con recursos propios y ha contratado a las personas que les hacen los moldes, ahora espera montar su propia planta de producción que cuente con las certificaciones exigidas en diversos países. Para llevar a cabo esta fase ha considerado recibir recursos de un inversionista.

“Los simuladores son un puente entre la teoría y la práctica y cuando se entrenan bien los estudiantes se están evitando complicaciones en pacientes sanos y enfermos”, afirma.

Lanzziano es un optimista.

“Esto es como si hubieras encontrado un diamante, el producto base que tenemos es el material que descubrimos y le puedes dar la forma que sea”, sostiene.

La siguiente fase es lograr que los simuladores interactúen con hardware y software y, en el futuro, entrar en el mundo de la realidad virtual y de la inteligencia artificial.

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