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La gente es lo más importante

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El futuro que las pequeñas y medianas empresas imaginaban hace unos años no es el futuro que en realidad van a experimentar porque, gracias a la tecnología, este simplemente es disruptivo y diferente. ¿O acaso imaginábamos hace dos décadas que con solo oprimir el botón de “imprimir” podíamos tener en nuestras manos desde el vestido de nuestros sueños hasta una hamburguesa?

No, eso no estaba en los planes. Sin embargo, la evolución de la tecnología ha provocado un cambio en la forma en que los consumidores eligen sus productos o marcas y, por lo tanto, en la manera como las organizaciones deben aproximarse a ellos con el fin de satisfacer sus necesidades, que ahora son más personalizadas e inmediatas que nunca.

En ese sentido, el reto que se les plantea a las compañías es cambiar sus viejos modelos de éxito por otros que se traduzcan en mejores oportunidades comerciales y mayores ganancias. Pero, ¿cómo hacerlo sin pensar en el pasado que las persigue y sin el temor al cambio que a veces asalta tanto a líderes como a colaboradores?

Basta con decir que el primer paso es reconocer que ese cambio ya está aquí, pero la tecnología, por sí sola, no hace el milagro. “Existen empresas que adquieren herramientas digitales, software o aplicaciones que no usan porque no saben conectarlas con su estrategia de negocios. Por eso, es clave que primero comprendan qué van a ganar con la transformación digital para que puedan hacer una correcta gestión del cambio”, afirma Marcela Torres, gerente de Recursos Humanos de Microsoft Colombia.

La gente primero

En ese contexto, es igualmente importante considerar cómo son los seres humanos que tienen la misión de llevar su empresa a otro nivel. Hoy en día, en una sola oficina se encuentran personas de por lo menos cinco generaciones que tienen diferentes aproximaciones a la tecnología, pero confluyen en esta era en la que los dispositivos electrónicos, móviles e internet son indispensables para realizar su trabajo.

El entorno laboral también es moderno y cambiante. Más del 56 % de los empleados utilizan más de tres dispositivos móviles en su oficina y cada vez es más popular el uso de tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA) para capturar y analizar datos. Esta mejora la analítica tradicional en un 69 % de los casos en los que podría usarse. Una cifra nada despreciable.

Por otro lado, cada vez son más las empresas que le apuestan al teletrabajo. En Colombia, mientras que en 2017 solo había 95.439 teletrabajadores, en 2018 estos sumaron 122.278. En cuanto al número de empresas que facilitan esta modalidad, en 2018 había 12.912. El año anterior solo llegaban a 10.739. Con 86.116, el sector de servicios lideraba en 2018 el ranking por sectores. Esto sin contar la coyuntura actual que obliga a las organizaciones a implementar el trabajo remoto por cuenta del aislamiento derivado de la cuarentena por el Coronavirus. Con esta realidad del contexto clara, las empresas pueden continuar con el proceso para lograr la transformación digital de una forma efectiva. De acuerdo con Torres, “es clave compartir los avances con todos los empleados de la organización y empoderarlos para que sepan que sus aportes son valiosos para lograr el éxito en la gestión del cambio. Hay muchas empresas que han tratado de transformarse sin tener en cuenta a la gente y han fracasado”.

Por su parte Juan Carlos Arias, líder de estrategia de adopción de tecnologías de nube de Microsoft, recalca la importancia de, como parte de este proceso, se requiere fomentar en los colaboradores “la manera como se conectan, como aprenden y como pueden modificar sus comportamientos” para insertarse mejor en el esquema de la transformación digital y no quedarse atrás.

Personas empoderadas

John Kotter, profesor de Harvard Business School le llama a esto “crear un sentido de urgencia”, es decir un entorno que les permita a los trabajadores desear ese cambio y empezar a sumergirse en una transición que los conducirá hacia una nueva realidad, con lo que se busca conseguir resultados más satisfactorios para la organización.

A partir de ahí, el académico sugiere quemar otras etapas como la de formar un equipo que conduzca el cambio al interior de la empresa, establecer los valores que la regirán, comunicarlos a los colaboradores y al público externo cuando sea el momento apropiado y considerar las observaciones de quienes se resisten a la transformación.

Los efectos de la gestión del cambio no siempre se ven a corto plazo. Por eso, Kotter también aconseja “asegurarse triunfos a corto plazo”, con el fin de aumentar la confianza de los colaboradores en la estrategia y demostrarles que, más allá de ser una simple idea, reporta consecuencias positivas en términos de negocios.

Así mismo, propone no confiarse de los resultados obtenidos a corto plazo, sino mejorar constantemente a partir de evaluaciones periódicas, generar o inspirar continuamente a los agentes de cambio que también pueden ayudar a impulsar la consecución de metas e integrar a los nuevos colaboradores porque pueden tener aportes relevantes para cumplir con el objetivo del proceso.

No se puede olvidar que, al estar inserta en un proceso de transformación digital, la gestión del cambio incluye el uso de herramientas tecnológicas como OneNote, Yammer, Sharepoint y que están a disposición de quienes estén adelantando su proceso con la garantía de Microsoft.

Una compañía que también experimentó la necesidad de transformarse y en el camino comprendió que el pasado es un trampolín hacia el futuro, que los cambios son indispensables para el crecimiento, que el equipo debe trabajar unido de cara a una misma meta y que no se pueden perder de vista los objetivos.

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