Más allá de cumplir con una normatividad, los empresarios que implementan acciones para reducir las emisiones de carbono logran mejorar su eficiencia operativa, atraer clientes de alto valor y ser más rentables.
Reducir la huella de carbono es un buen negocio en todos los frentes. Además de contribuir a los objetivos de sostenibilidad trazados por organizaciones internacionales y el Gobierno, las empresas también generan retornos económicos de mediano y largo plazo que les permiten ser más competitivas.
Antes de revisar esos beneficios de la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero, vale la pena conocer el tipo de emisiones que se contemplan en una empresa.
De acuerdo con Juan Pablo López, líder de conocimiento Vestigium de Portafolio Verde, las empresas generan emisiones directas e indirectas. “Las emisiones directas corresponden a las generadas en los procesos operativos de la empresa, por el uso de combustibles fósiles, gases refrigerantes y otras emisiones fugitivas”, dice el experto.
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En el grupo de emisiones indirectas se incluyen las derivadas del consumo de energía eléctrica o compra de otras formas de energía, consideradas de alcance 2; y están las emisiones de alcance 3 que no son controladas directamente por la empresa por que se derivan de las actividades de los colaboradores, clientes y proveedores.
7 beneficios de reducir la huella de carbono
En la medida en que las empresas incorporan estrategias de negocio que contribuyen a reducir y mitigar la huella de carbono logran:
- Reducir costos de operación a mediano plazo al incorporar tecnologías limpias y con mejor desempeño.
- Rentabilizar los residuos que genera la operación al gestionarlos de manera adecuada, promoviendo su reutilización como insumos, su reducción y reciclaje.
- Elevar la eficiencia energética con la adopción de maquinarias que mejoran este consumo, adaptación de la infraestructura e incorporación de prácticas que impactan este indicador.
- Disminuir el costo de transporte que depende de combustibles fósiles, que están gravados con el impuesto al carbono, al utilizar vehículos eléctricos o a gas que generan cero emisiones.
- Atraer nuevos clientes interesados en disminuir su propia huella de carbono que requieren proveedores comprometidos en esta tarea.
- Mejorar la reputación en el sector y, con ello, integrarse a cadenas de suministro sostenibles que dan prioridad a los proveedores que trabajan por la reducción de su huella de carbono.
- Alinear a sus colaboradores con los objetivos de sostenibilidad de la empresa, al promover prácticas que contribuyen a una disminución de las emisiones de CO2: el trabajo en casa o híbrido, el uso de bicicleta o de transportes compartidos, entre otros.
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¿Qué es el impuesto al carbono?
De acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el impuesto al carbono aplica sobre la venta, importación o autoconsumo de gasolina, queroseno, jet fuel, combustible diesel (ACPM) y fuel oil únicamente en la primera actividad de la cadena de suministro.
En el caso del gas licuado de petróleo este gravamen se aplica en la venta a usuarios industriales. El gas natural solo está sujeto al impuesto dentro de la industria petroquímica y de refinación.
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