Colombia ocupa el tercer lugar en ciberataques: ¿Qué debes proteger en tu empresa?

19 de mayo de 2026

Colombia es el tercer país más ciberatacado de Latinoamérica con 10,9 billones de intentos de ciberataques registrados en 2025, según FortiGuard Labs. Los sectores críticos —energía, agua, salud, finanzas y telecomunicaciones— están bajo una presión sin precedentes. Los ciberdelincuentes atacan con precisión quirúrgica: escanean, identifican y explotan las vulnerabilidades. La inteligencia artificial juega en ambos bandos: los criminales atacan con mayor eficiencia (menos intentos, más daño), mientras que las organizaciones que la adoptan pueden anticipar y responder en tiempo real.

Por: Juan Carlos Puentes, Presidente de Fortinet Colombia

Colombia registró 10,9 billones de intentos de ciberataques en 2025, según el más reciente informe de FortiGuard Labs. Esta cifra ubica al país como el tercero más atacado de Latinoamérica. Más que un dato estadístico, es un recordatorio de que nuestras infraestructuras críticas —las que garantizan el suministro de energía, agua, transporte aéreo y marítimo, el funcionamiento de hospitales, la conectividad y la estabilidad del sistema financiero— están bajo una presión sin precedentes.

Los entornos de tecnología operacional (OT) se han convertido en objetivos primarios. Hoy, los ciberdelincuentes no atacan de forma indiscriminada. Escanean redes a un ritmo sin precedentes para identificar vulnerabilidades y explotarlas con precisión. En Colombia, solo en 2025 se detectaron siete billones de escaneos activos.

Los sectores más golpeados son los que sostienen nuestra vida diaria: manufactura, telecomunicaciones, salud y servicios financieros. En manufactura, por ejemplo, el objetivo ya no es únicamente robar datos, sino detener líneas de producción y exigir rescates millonarios.

Un nuevo jugador ha entrado en la ecuación: la inteligencia artificial, presente en ambos lados de la guerra cibernética. El cibercrimen no descansa, y ahora tampoco improvisa. Los actores maliciosos han adoptado la IA para atacar con mayor precisión y menor esfuerzo: menos intentos, mejores objetivos, más daño.

Aunque la telemetría global detectó una reducción del 22% en ataques de fuerza bruta, esto no es una buena noticia. Es una señal de que los criminales simplemente se han vuelto más selectivos y eficientes. Las cifras lo confirman: 185 millones de intentos de ataque diarios y un incremento del 25% en explotación de vulnerabilidades año con año.

Para la defensa, la IA es una aliada estratégica: ayuda a identificar malware desconocido, analizar patrones sospechosos y priorizar alertas, reduciendo drásticamente el tiempo de respuesta. En un escenario de amenazas crecientes y talento especializado limitado, la IA puede ser el factor que incline la balanza hacia la prevención o hacia la crisis.

Los ciberdefensores tienen en ella su mejor aliado, siempre que decidan adoptarla a la misma velocidad con que lo hacen sus adversarios. El mundo y la industria nacional necesitan evolucionar hacia una defensa industrializada, donde las herramientas de IA detecten, anticipen y respondan en tiempo real. Frente a amenazas que operan a velocidad de máquina, seguir defendiéndose con procesos lentos y reactivos no es una estrategia: es una invitación al desastre.

¿Qué hacer?

Frente a esta realidad, las organizaciones no pueden limitarse a las medidas de siempre. Es indispensable:

1. Cerrar las brechas básicas

Reforzar la autenticación, cambiar credenciales por defecto y evaluar de forma periódica la superficie de ataque para detectar vulnerabilidades antes que los delincuentes.

2. Fortalecer las operaciones de seguridad con inteligencia

Contar con protocolos claros para distintos escenarios, usar tecnologías capaces de detectar intrusiones en etapas tempranas e integrar la información sobre amenazas en los sistemas de monitoreo para anticiparse a los incidentes y actuar de forma proactiva.

3. Planificar para lo inevitable

Los ciberataques ocurrirán, y la diferencia estará en la capacidad de respuesta (ciberresiliencia). Realizar simulacros, entrenar a los equipos para detectar amenazas y tener protocolos claros para incidentes críticos pueden ser la barrera entre la continuidad o la interrupción de un servicio esencial.

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