Cinco maniobras para amortiguar el encarecimiento del crédito en 2026

28 de enero de 2026

La Junta Directiva del Emisor decidirá este viernes si retoma el ciclo alcista de las tasas de interés. El incremento del salario mínimo ha agregado presión a las expectativas de inflación y obliga a los empresarios a reevaluar su estrategia de deuda y caja.

La Junta Directiva del Banco de la República afronta este viernes una de las decisiones más determinantes para la economía del país en 2026. Tras un periodo de relativa estabilidad, la mayoría de los analistas del mercado financiero proyectan un cambio de rumbo. Según la encuesta de ANIF, 12 de 19 analistas prevén un aumento de 50 puntos básicos, lo que situaría la tasa de intervención en un 9,75%.

El detonante de este posible giro, argumentan los analistas, es el incremento del 23,7% en el salario mínimo ya que alteró las proyecciones de precios y generó lo que Corficolombiana define como un “punto de inflexión” en las expectativas de inflación. Los analistas ya no creen en un descenso rápido de los precios; ahora prevén que la inflación cierre el año entre el 5,8% y el 6,5%, cifras que duplican la meta del Banco Central.

Mientras un sector técnico aboga por un endurecimiento inmediato para contener el consumo, otros miembros podrían preferir la cautela para no castigar más el crecimiento económico. En este escenario, el alivio financiero para las pequeñas y medianas empresas parece haberse pospuesto.

En MisiónPyme identificamos tres consecuencias críticas para el sector empresarial ante el eventual endurecimiento de la política monetaria.

1. Encarecimiento de la operación: 

Un incremento en la tasa del BanRep eleva de inmediato el costo del crédito comercial y los sobregiros. Las empresas con deudas a tasa variable verán una presión directa en sus gastos financieros mensuales.

2. Consumo bajo vigilancia:

Aunque el gasto de los hogares ha mostrado resiliencia —un 26% por encima de los niveles de 2019, según Bancolombia—, el objetivo de las tasas altas es enfriar la demanda. Esto podría traducirse en una caída de las ventas y en una rotación de inventarios más lenta.

3. Márgenes en la «tenaza»:

El empresario enfrenta hoy una doble presión: por un lado, suben los costos laborales y logísticos; por el otro, cada vez es más costoso financiarse para cubrir esos gastos.

Cinco maniobras para blindar tu empresa

Ante un ciclo de tasas que podría escalar incluso hasta el 11% si la inflación no cede, la gestión financiera requiere precisión. Basado en la evidencia de mercados que han superado choques similares, este es el plan de acción que te sugerimos desde MisiónPyme.

1. Migración a tasa fija:

La prioridad es eliminar la incertidumbre. Las empresas deben negociar con sus bancos el paso de créditos indexados (como DTF o IBR) a tasa fija. Aunque la tasa inicial sea ligeramente superior, la estabilidad permite una planeación real del flujo de caja frente a nuevos incrementos del Emisor.

2. Optimización de inventarios:

El inventario es dinero parqueado que genera costos financieros. Es necesario aplicar una logística de «justo a tiempo» e identificar productos de baja rotación para liquidarlos. El efectivo liberado debe usarse para reducir deuda de corto plazo o fondear la operación sin recurrir a nuevos préstamos.

3. Reducción de los plazos de cartera:

En este entorno, la empresa no puede actuar como el banco de sus clientes. Se deben acortar los plazos de cobro y ofrecer descuentos por pronto pago. Recibir el dinero hoy con un pequeño descuento es más rentable que financiar facturas a 60 días pagando intereses bancarios por falta de liquidez.

4. Inversión en productividad digital:

Para compensar el alza del 23,7% en el salario mínimo, la única salida es que cada peso en nómina rinda más. Automatizar tareas repetitivas en ventas, contabilidad o logística permite absorber el incremento de costos sin necesidad de aumentar la planta de personal.

5. Gestión semanal del flujo de caja:

El control presupuestal ya no puede ser mensual. Se requiere un monitoreo semanal de entradas y salidas de efectivo. En 2026, la supervivencia no dependerá necesariamente de las utilidades en el papel, sino de la capacidad de la empresa para mantener liquidez inmediata y no depender de refinanciaciones costosas.

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