Sea quien sea el nuevo presidente, cuando reciba las llaves de la Casa de Nariño en agosto, lo primero que encontrará sobre el escritorio son unas finanzas públicas deterioradas: un déficit que cerró 2025 en 6,4% del PIB, una deuda pegada al techo de la regla fiscal y unos intereses que se comen buena parte del presupuesto. El ajuste que viene es inevitable, y solo tiene dos caminos —recaudar más o gastar menos, o a lo mejor ambos al tiempo—; los dos pasan por tu negocio. En MisiónPyme te explicamos cómo te toca y qué hacer para llegar preparado.
Pasada la segunda vuelta, la política deja paso a la aritmética. Y las cuentas que hereda el próximo gobierno están apretadas. Conviene que entiendas el tamaño del problema, porque no es un asunto de tecnócratas en Bogotá: termina aterrizando en tu tasa de crédito, en tu carga tributaria y en la plata que circula en la economía donde vendes.
Empecemos por el dato que manda. Según ANIF, el déficit fiscal cerró 2025 en 6,4% del PIB, el cuarto más alto en la historia del país, solo comparable con años de crisis de la covid. Aunque el Gobierno proyecta un déficit de 6,7% del PIB para este año, hay quienes controvierten la previsión. El exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, en una propuesta de ajuste presentada con su equipo de Avanza Colombia, sostiene que, al sincerar pasivos y gastos pendientes, la cifra real estaría más cerca del 8,3%. Sea cual sea el número exacto, la conclusión es la misma: se está gastando bastante más de lo que entra.
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Con la deuda pasa algo parecido. La deuda neta del Gobierno rondó el 58,5% del PIB en 2025, un nivel que, según ANIF, no se veía desde finales del siglo XIX. El problema es la trayectoria: la regla fiscal fija el límite de esa deuda en 71% del PIB, y ANIF advierte que, sin un ajuste, podríamos tocar ese techo en tres años. Mientras tanto, los intereses de la deuda ya pesan: representan cerca del 73% del servicio de la deuda proyectado en el Anteproyecto del Presupuesto de 2027. Traducido: cada vez se va más plata a pagar deuda y menos a inversión.
Hay un detalle que vuelve el ajuste más difícil. El presupuesto colombiano es rígido: para 2026, el gasto flexible —el que el Gobierno puede mover sin tocar pensiones, salud o transferencias— apenas llega al 9,5%. En otras palabras, hay muy poco margen para apretar sin meterse con gasto sensible. Por eso el debate no es solo de cuánto se gasta, sino de en qué: ANIF calcula que, de cada $100 de inversión pública, apenas $35 son realmente productivos.
Por qué un problema «del Estado» llega a tu pyme
Aquí es donde te toca de verdad. Un Estado con déficit alto y deuda cara contagia a todo el crédito del país. Funciona así: para financiarse, el Gobierno sale a pedir prestado mucho y a tasas altas, lo que sube la prima de riesgo y deja poco espacio para que el crédito privado se abarate. El resultado es el que ya estás sintiendo: tasas altas, crédito más caro y bancos prestando con más lupa. A eso se suma que, si los intereses se comen el presupuesto, queda menos plata pública para vías, conectividad y obra que dinamizan tu región.
El consenso de los técnicos es que el hueco hay que cerrarlo. ANIF calcula que el país necesita un ajuste cercano a 3 puntos del PIB para volver a una senda sostenible (la propuesta de Cárdenas apunta en la misma dirección). La campaña ofreció dos visiones sobre cómo hacerlo —una más inclinada a recaudar mejor y fortalecer al Estado, otra a cobrar menos, simplificar trámites y achicar la burocracia—, pero las dos chocan contra el mismo muro de números. El Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, que comparó los programas, fue claro en algo: ninguno de los candidatos que había pasado a segunda vuelta presentó cifras detalladas ni fuentes concretas de dónde saldría la plata.
Qué significa para tu pyme
- Más ojos sobre tus cuentas. Cerrar el hueco por el lado de los ingresos pasa por fortalecer el recaudo y modernizar la DIAN para perseguir la evasión. Cualquiera de los dos caminos apunta a más fiscalización. Las cuentas claras dejan de ser opcionales.
- Crédito caro por más tiempo. Mientras el déficit y la deuda no cedan, las tasas seguirán altas y el banco prestará con más cautela. Endeudarte caro hoy te pesa todo el año.
- Cuidado con la demanda y los costos. Un ajuste real implica recortar subsidios, burocracia y contratación estatal. Si le vendes al Estado o dependes de un solo sector, te puede tocar. Si se ajustan precios de combustibles o energía —algo que tanto ANIF como la propuesta de Cárdenas ponen sobre la mesa—, tus costos suben directo.
- Promesas que aún no son ley. Alivios tributarios, créditos blandos y subsidios suenan bien en campaña, pero hoy no existen y su financiación no está clara. Planea con lo que hay, no con lo que se prometió.
Qué puedes hacer desde ya
- Pon tu casa tributaria en orden. Contabilidad al día, soportes guardados, declaraciones sin huecos. Con más fiscalización en camino, lo barato es estar al día.
- Blinda la caja y la tasa. Antes de endeudarte, compara y, si puedes, fija la tasa. Asegura ahora la financiación que ya tengas aprobada, antes de que el costo del dinero suba más.
- No te cases con un solo cliente ni con un solo sector. Si dependes mucho de contratos públicos o de un rubro sensible al ajuste, empieza a diversificar antes de que el recorte te encuentre.
- Haz tus cuentas con escenarios. Corre tu presupuesto con dos versiones: una con costos de energía y combustibles más altos, otra con la demanda más floja. Si tu negocio aguanta las dos, llegas tranquilo al cambio de gobierno.
🔍 Clave MisiónPyme: El nombre del presidente ya está definido; el hueco fiscal que recibe, también. El próximo gobierno tendrá que escoger entre recaudar más o gastar menos, y las dos rutas pasan por tu pyme. La ventaja de una pyme está en cómo se organiza para ser resiliente.
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